Meditación de La Gran Invocación
Tema: Preparación para la Reaparición de Cristo
Sugerencias:
1. Se le sugiere practicar esta meditación una vez por semana, cada jueves, en lugar de su meditación habitual. Procurar asumir la actitud de aspiración, devoción, invocación e intención fija (en el orden indicado), previamente al alineamiento. Para que esta meditación sea el poderoso instrumento que está destinado a ser, los estudiantes esotéricos deben realizarla por medio del corazón y la mente.
2. Trate de llevar a la práctica, entre los jueves de cada semana, los resultados de la reflexión expresados en esta meditación. Establezca planes prácticos y cada semana recapitule las actividades previstas, en el momento de prepararse para esta meditación, a la luz de la intención manifestada.
3. Haga esta meditación breve y dinámica. Olvide las diversas etapas, y déjese llevar por la secuencia y la síntesis de la fórmula. Le será fácil hacerlo después de haberlo practicado varias veces.
Etapa I:
Después de haber obtenido una positiva e intencionada quietud de la personalidad, formúlese, con sus propias palabras, las respuestas a las siguientes preguntas:
1. Como miembro del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, ¿Cuál es mi intención específica y fija en estos momentos de dedicado contacto con mi alma?
2. ¿Está el propósito de mi personalidad concentrado y expresado de acuerdo a la intención Jerárquica - hasta donde me es permitido conocerla?
3. ¿He ganado en mi propia vida personal el derecho – debido al esfuerzo definido y no tanto al éxito alcanzado - a contarme entre los Servidores, quienes están ahora emprendiendo el trabajo de preparación?
Esta es la única vez, durante la meditación, que uno piensa en sí mismo, y se la emplea porque es un método personal de atención enfocada, pues alinea su personalidad en el plano mental.
Etapa II:
Habiendo contestado a estas tres preguntas a la luz del alma, decir con énfasis:
“Olvidándome de las cosas del pasado, me esforzaré hacia mis posibilidades espirituales más elevadas; me dedicaré de nuevo al servicio de Aquel que viene, y haré todo lo que pueda para preparar las mentes y los corazones de los hombres para tal acontecimiento. No tengo otra intención en mi vida.”
P A U S A
Etapa III
1. Visualizar la situación del mundo lo mejor que pueda, de acuerdo a su interés mundial y con el conocimiento que posea de los asuntos del mundo. Ver a la humanidad brillando con tenue luz y también puntos de luz más brillante, donde los miembros del NGSM y los hombres de intención espiritual y corazones amorosos trabajan en bien de sus semejantes.
2. Visualice entonces, por medio de la imaginación creadora, la vívida luz de la Jerarquía fluyendo hacia la humanidad y fusionándose lentamente con la luz que ya posee el hombre. Luego pronunciar la primera estrofa de la Gran Invocación:
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios Que afluya luz a las mentes de los hombres Que la luz descienda a la tierra.
2. Reflexionar sobre la reaparición de Cristo, no importa el nombre con que se lo designe en las diversas religiones mundiales. El es siempre la misma Gran Entidad. Reflexione respecto a los posibles resultados de Su aparición. Luego pronunciar la segunda estrofa de la Gran Invocación:
Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios
Que afluya amor a los corazones de los hombres
Que Cristo retorne a la tierra.
4. Trate de concentrar su firme intención de servir y de difundir amor en su medio ambiente y comprenderá que hasta donde pueda realizarlo, está intentando fusionar su voluntad personal con la Voluntad divina. Recite la tercera estrofa de la Gran Invocación:
Desde el centro donde la Voluntad de Dios es conocida Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres El propósito que los Maestros conocen y sirven.
5. Considere qué es lo que puede hacer prácticamente durante la próxima semana, a fin de apresurar la preparación para la venida de Cristo.
P A U S A
Entonar luego tres veces el OM, dedicando la triple personalidad al trabajo de preparación.
OM OM OM
Extractado de El Discipulado en la Nueva Era II, p. 202-204, de Alice A. Bailey
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