jueves, 1 de enero de 2009

LA SOLUCION DE LA VIDA ESTA EN LAS MANOS APRENDE A UTILIZARLAS

Ayuada para todos mis hermanos de este mundo

El espacio del tacto y la caricia

Si el rostro es el espejo del alma, las manos son las plumas que escriben el lenguaje del corazón. Para que nuestras manos sigan pudiendo expresar el lenguaje del corazón deberíamos convertir nuestras rutinas en actos de amor: tomar conciencia de nuestro rostro cada mañana al lavarnos, transmitiéndole energía y cariño; pasar las páginas del libro que leemos con la suavidad de una caricia, apreciando la textura del papel; deslizar los dedos por el teclado de la máquina de escribir o del ordenador como si se tratara de un piano... Y además, darnos tiempo para apreciar la suavidad del pétalo de una rosa o de la piel de un melocotón, la calidez de la arena de la playa o la lisura y el frescor de un canto rodado del río... Pero sobre todo, poner conciencia al estrechar una mano, dar una palmada en el hombro de un amigo, abrazar el talle de la pareja, tomar entre las manos el rostro de un niño...
También deberíamos reservarnos un tiempo semanal para un masaje relajante, dado por un profesional, o recíprocamente entre amigos, familiares o en la relación de pareja.
Potenciaríamos así la comunicación amorosa, el compartir de las sensaciones y no sólo de las ideas, la transmisión de salud y no únicamente de sentimientos.
El quiromasaje, el shiatsu o digitopuntura japonesa, el masaje de polaridad, el magnetismo ... son técnicas que proceden del viejo arte de curar con las manos conocido en todas las culturas, desde la China antigua y el Alto Egipto, hasta los pueblos indios precolombinos.
Fue y sigue siendo una de las formas más antiguas del amor desinteresado: devolver la salud sin más intermediarios que el cuerpo, el contacto físico y la movilización de la energía del paciente.
En la relación de pareja, es hora de abandonar la tiranía del orgasmo genital, concebido como única y última meta de la relación sexual. La caricia no sólo es una preparación para la unión extática; es en sí misma un acto amoroso que puede expresar la comunión de dos cuerpos y su unidad con el resto del Universo. Todo depende de la calidad del momento y de la profundidad de la intimidad lograda, en primer lugar con uno mismo, condición indispensable para entrar en comunicación profunda con el ser del otro.
Cuando el propio cuerpo es asumido como algo sagrado, puede respetarse el cuerpo del otro como un misterio, que la caricia no puede agotar con el paso de los años. Más bien lo renueva y lo refleja, dejando paso a la sorpresa permanente.
Llega a crearse una inteligencia kinestésica en la pareja, que guía la danza de los más mínimos gestos antes de ser solicitados. Se curan viejas heridas emocionales y se cubren antiguas carencias. Amar con las manos deja de ser entonces un lugar conocido, para convertirse en un viaje de continuo descubrimiento del misterio inagotable que somos cuando nos relacionamos.

"Ser humano"

Cuando se producen las pequeñas desavenencias y rupturas, más vale una caricia que mil palabras. El contacto con la piel es más inmediato que el discurso lógico. Existe lo que se llama memoria ultracorta: una sensación percibida, por ejemplo, con la punta de los dedos es capaz de permanecer unas fracciones de segundo en los órganos de los sentidos y pasar después a la memoria, que la recupera ante un estímulo similar.
Pueden entonces reproducirse las características fisiológicas del enamoramiento: el corazón late más deprisa, aumenta la tensión arterial y se liberan grasas y azúcares para ampliar la capacidad muscular. Pero sobre todo, entran en juego las endorfinas, poderosos analgésicos naturales, que producen las sensaciones asociadas a la felicidad, al cerrar el paso a los influjos negativos.
En esta época en que parece aumentar la desconfianza hacia los demás y la soledad en medio de la multitud, necesitamos remedios sencillos. Recursos personales que no requieran la sofisticación tecnológica de "los expertos". De nuestra capacidad para desarrollarlos depende la calidad de nuestro futuro y del porvenir de las próximas generaciones.
Volvamos a enamorarnos cada día, pues como ha escrito el sociólogo P. Sorokin, "el amor es el mejor remedio contra la ansiedad, la soledad y la hostilidad; estimula la creativi-dad y alarga la vida; y lo mejor de todo es que existen los medios para desarrollarlo" . Uno de ellos es, sin duda, reaprender a amar con las manos
Por Alfonso Colodrón

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