Meditaciones para reconectarnos con el Amor
En su excelente libro "Milagros", Sondra Ray nos provee de una serie de afirmaciones para reconectarnos con el Amor divino y disipar las espesas tinieblas del temor. A continuación, reproducimos y parafraseamos algunas para tu beneficio, amado lector o lectora. Si deseas repetirlas en forma de oración, serán extremadamente poderosas para ti:
Diestro Arquitecto del Universo
(o como quieras llamarlo)
Me perdono a mí mismo
por pensar que estaba separado de Ti.
Aquí y ahora, en este instante presente
–único real y eterno- Tú y yo somos Uno.
Abandono el miedo al castigo divino y descanso en Tu santa paz.
Estaba equivocado al creer que Tú castigabas a la gente.
Perdono a quienes me enseñaron eso
y me perdono a mí mismo por haberlo creído.
Ya no culpo a los demás.
Acepto la total responsabilidad de todo lo que he hecho.
Pongo todas mis habilidades a disposición del Espíritu Santo.
Someto mis relaciones más íntimas a Tu voluntad
para que sean santificadas.
Enfoco mi atención en Tu reino:
así puedo estar en la conciencia celestial
y compartirla con los demás.
Separo el amor del miedo, como el trigo de la cizaña.
Abandono todos mis miedos al amor.
En lugar del dolor, elijo Tu alegría,
la sagrada alegría de Dios.
Soy Uno Contigo
y soy inocente…
¡Ésa es mi fuerza!
El amor es la única forma de cordura.
Dado que Tú sólo deseas para mí la felicidad perfecta,
ya no temo a Tu voluntad.
Tu voluntad y la mía
son ahora idénticas,
indivisibles...
Amén.
–único real y eterno- Tú y yo somos Uno.
Abandono el miedo al castigo divino y descanso en Tu santa paz.
Estaba equivocado al creer que Tú castigabas a la gente.
Perdono a quienes me enseñaron eso
y me perdono a mí mismo por haberlo creído.
Ya no culpo a los demás.
Acepto la total responsabilidad de todo lo que he hecho.
Pongo todas mis habilidades a disposición del Espíritu Santo.
Someto mis relaciones más íntimas a Tu voluntad
para que sean santificadas.
Enfoco mi atención en Tu reino:
así puedo estar en la conciencia celestial
y compartirla con los demás.
Separo el amor del miedo, como el trigo de la cizaña.
Abandono todos mis miedos al amor.
En lugar del dolor, elijo Tu alegría,
la sagrada alegría de Dios.
Soy Uno Contigo
y soy inocente…
¡Ésa es mi fuerza!
El amor es la única forma de cordura.
Dado que Tú sólo deseas para mí la felicidad perfecta,
ya no temo a Tu voluntad.
Tu voluntad y la mía
son ahora idénticas,
indivisibles...
Amén.
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